11/13/2007

LOS FUSILAMIENTOS

El 9 de junio de 1956 el país vivió una de las jornadas más negras de su historia. Un grupo de civiles fueron literalmente “fusilados” en el basural de José León Suárez.
Los fusilamientos del 9 de Junio de 1956 son, en los hechos, el acta fundacional de la violencia argentina de la última mitad del siglo XX. Hay quienes dicen que comparten esa triste condición con el bombardeo de 1955 en Plaza de Mayo, a plena luz del día y sobre la población civil. Puede ser.
Hombres indefensos, sin acusación, sin juicio y sin condena, fueron fusilados en los basurales de León Suárez en forma clandestina. Un general de la Nación y otros altos jefes militares fueron también fusilados en la cárcel de Las Heras. Nunca nadie se había atrevido a tanto.
Hoy, mirando aquellos hechos a la luz de los que sucedieron décadas más tarde, sabemos que todo tiene un principio. El lamentable comienzo de la lucha sangrienta entre hermanos cuando no se respeta la voluntad del pueblo.
Decía el General Perón: “La fuerza es el derecho de las bestias”. Es la mejor expresión para calificar a quienes masacraron a civiles indefensos y fusilaron a patriotas.
“El peronismo se ha llenado de mártires y entre ellos no hay un solo hombre que, como nuestros enemigos, pueda ser tildado de asesino con fundamento, como podemos llamarlos a ellos con razón. La sangre generosa de estos compañeros caídos por la infamia “libertadora” será siempre el pedestal de Abel, que los seguirá hasta su tumba, llenándolos de remordimiento y de vergüenza”

Juan Domingo Perón
“La fuerza es el derecho de las Bestias”

Desde el año 1955 hasta 1973 el peronismo estuvo proscripto. El mayor partido político de América Latina era negado por una minoría que había saltado al poder con la fuerza de las armas. Desconocían todo lo que era emanado del pueblo. Desconocían las instituciones y hacían valer su fuerza cada vez que era necesario, pero el peronismo era una marca indestructible en el corazón de millones de argentinos que no pudo ser borrada ni por las muertes, ni por las proscripciones, ni por la avasalladora fuerza demencial de un grupo de militares que sembraron con sangre de nuestros compañeros el suelo Argentino.
A todos los que cayeron peleando por una causa nacional y popular. A todos los que pelearon con el corazón. A aquellos que cayeron en esos terribles días. A todos ellos, nuestra promesa de memoria.

Rodolfo Walsh, con su rigor periodístico, relataba los fusilamientos a los que fueron sometidos un grupo de civiles indefensos en su libro "Operación Masacre":
MASACRE

...Ha llegado el momento. Lo señala un diálogo breve, impresionante.
-¿Qué nos van a hacer?-pregunta uno
-¡Camine para adelante!-le responden
-¡Nosotros somos inocentes!-gritan varios
-No tengan miedo-le contestan-. No les vamos a hacer nada. ¡NO LES VAMOS A HACER NADA!
Los vigilantes los arrean hacia el basural como a un rebaño aterrorizado. La camioneta se detiene, alumbrándolos con los faros. Los prisioneros parecen flotar en el lago vivísimo de luz. Rodríguez Moreno baja, pistola en mano.
A partir de ese momento el relato se fragmenta, estalla en doce o trece nódulos de pánico.
-Disparemos, Carranza -dice Gavino-. Yo creo que nos matan.
Carranza sabe que es cierto. Pero una remotísima esperanza de estar equivocado lo mantiene caminando.
-Quedémonos...-murmura-. Si disparamos, nos tiran seguro.
Giunta camina a los tumbos, mirando hacia atrás, con un brazo a la altura de la frente para protegerse del destello que lo encandila.
Livraga se va abriendo hacia la izquierda, sigilosamente. Paso a paso. Viste de negro. De pronto, lo que parece un milagro: los reflectores dejan de molestarlos. Ha salido del campo luminoso. Está solo y casi invisible en la oscuridad. Diez metros más adelante se adivina una zanja. Si puede llegar...
La tricota de Brión brilla, casi incandescente de blanca.
En el carro de asalto Troxler está sentado con las manos apoyadas en las rodillas y el cuerpo echado hacia delante.
Mira de soslayo a los dos vigilantes que custodian la puerta más cercana. Va a saltar...
Frente a él Benavides tiene en vista la otra puerta.
Carlitos azorado, sólo atina a musitar:
-Pero, cómo... Así nos matan?
Abajo, Vicente Rodríguez camina pesadamente por el terreno accidentado y desconocido. Livraga está a cinco metros de la zanja. Don Horacio que fue el primero en bajar, también ha logrado abrirse un poco en la dirección opuesta.
-¡Alto!-ordena una voz.
Algunos se paran. Otros avanzan todavía unos pasos. Los vigilantes, en cambio, empiezan a retroceder, tomando distancia, y llevan la mano al cerrojo de los máuseres.
Livrága no mira hacia atrás, pero oye el golpe de la manivela. Ya no hay tiempo para llegar a la zanja. Va a tirarse al suelo.
-¡De frente y coco con codo!- grita Rodríguez Moreno.
Se pone de rodillas frente al pelotón.
-Por mis hijos...-solloza-. Por mis hi...
Rodolfo Walsh. "Operación Masacre", Ediciones de La Flor, 1972

RELATO DEL PADRE HERNAN BENITEZ
La muerte del General Valle y de otros oficiales llegó a las pocas horas.
El escritor y periodista Pablo José Hernández, en su libro "Compañeros", recopiló y relató lo acontecido en esos trágicos días:
"Eran ya las 21.15 cuando la joven (Susana Valle) atravesó los portales temibles de las Heras. Breves instantes después vio llegar a su padre dentro de un cerco de marinos que caminaban apuntándole con ametralladoras, guarnecidas las cabezas con cascos de guerra. En una sala contigua un enfermero tenía a punto varios chalecos de fuerza por si la niña o el padre padecían arrebatos paroxísticos".(Hernán Benitez)
"Susanita, si derramas una sola lágrima no eres digna de llamarte Valle". Con estas palabras el General saludó a su hija. Su faz era tan majestuosa con el daguerrotipo de un prócer. Largas patillas. Hondas huellas en el ceño y la frente de muchas noches insomnes. Pálida serenidad en el rostro. Parecía aurorearle un halo de serena beatitud, claro anticipo de la gloria que habría de ceñirlo para siempre".
"La escena era tan inmensa que parecía condensar años enteros. Los hombres de las ametralladoras gemían sin rebozo. Algunos se apoyaban en sus armas para no desmayarse. Fue preciso sacar de la sala a varios de ellos, incapaces por la emoción de mantenerse en pie. Sólo los oficiales de marina que, sentados en torno a la mesa, controlaban los minutos de aquella despedida, se mostraban insensibles.
Un oficial tirante y seco, dijo entonces: -es hora.
Valle, más sereno que hasta entonces, se sacó el anillo y lo colocó en la mano de su hija. Le entregó unas cartas. Y le dio un beso intenso, tan intenso que la joven lo sintió en su rostro durante muchos días. Entonces se irguió y avanzó hasta la puerta. Desde ésta hizo un gesto de despedida a su hija, y se internó por los largos corredores del penal rodeado siempre del cerco de ametralladoras, sin volver ni una sola vez la cabeza hacia atrás.
Caminaba radiante hacia la gloria. Allá lejos, la pobre joven no era más que un manojo de amor envuelto en lágrimas"
(relato del Padre Hernán Benítez, recopilado en el libro "Compañeros").

El periodista y escritor, Pablo José Hernández, en su libro "Compañeros", relata los trágicos acontecimientos de aquellos días:
CRONOLOGIA DE 27 FUSILADOS

"...El soldado Blas Closs, el infante de marina Bernardino Rodríguez y el inspector de policía provincial Rafael Fernández son muertos a causa de la insurrección, en tanto que la represión se cobra la vida de Ramón Raúl Videla, Carlos Irigoyen, Rolando Zaneta y Miguel Angel Mouriño. La nómina más extensa y siniestra, sin embargo, no es la que integran los muertos de ambos bandos caídos en combate sino, por el contrario, la de quienes fueron fusilados luego de haber sido detenidos. El fusilamiento de Valle el 12 de Junio en la penitenciaria de la calle Las Heras, en efecto, era sólo la culminación de un baño de sangre.
El 10 de Junio, en Lanús, habían sido ejecutados el teniente coronel José Albino Irigoyen, el capitán Jorge Miguel Costales y los civiles Dante Hipólito Lugo, Clemente Braulio Ross y Osvaldo Alberto Albedro.
En la misma fecha, pero en los basurales de José León Suárez, habían corrido la misma suerte Carlos Alberto Lizazo, Nicolas Carranza, Francisco Garibotti, Mario Brión y Vicente Rodríguez, cinco ciudadanos algunos de los cuales no tenían ni idea, siquiera, de que horas antes se había producido un reducido levantamiento.
El 11, en tanto, fue el turno de los militares. El teniente coronel Oscar Lorenzo Cogorno fue muerto en La Plata, mientras que en campo de Mayo eran fusilados los coroneles Eduardo Alcibíades Cortines y Ricardo Santiago Ibazeta, los capitanes Néstor Dardp Cano y Eloy Luis Caro, el teniente primero Jorge Leopoldo Noriega y el Teniente de banda Nestor Marcelo Videla.
Son siete los suboficiales -cuatro e la escuela de Mecánica del Ejercito y tres en la Penitenciaria- que completan la macabra lista de ese día: Hugo Eladio Quiroga, Miguel Angel Paolini, Ernesto Garecca, José Miguel Rodríguez, Luciano Isais Rojas, Isauro Costa y Luis Pugnetti.
El 12Z, en tanto, al igual que Valle pero en La Plata, le llegaría el turno al subteniente de reserva Alberto Juan Abadie. A la gravedad de los veintisiete fusilamientos se le suma. Además, las irregularidades de diversa índole que violan hasta los propios decretos y resoluciones emanados del gobierno dictatorial que encabezan el general Aramburu y el almirante Isaac Francisco Rojas.
La Ley Marcial, por ejemplo, no fue anunciada por ningún medio antes de las 24 del 9 de junio, por lo cual no correspondía que fuera aplicada a quienes se hubiera detenido antes de su difusión.
Fueron muertos en los basurales de José León Suárez, sin embargo, un grupo de civiles detenidos la noche del 9 mientras escuchaban un match de boxeo en una sencilla casa de Florida.
Al día siguiente, en tanto, se reúne en Consejo de Guerra que, presidido por el general Juan Carlos Lorio, juzga a los militares rebeldes que actuaron en Campo de Mayo. El fallo, terminante, los absuelve: "Este Consejo ha resuelto que no ha lugar la pena de muerte". Desde el Ministerio del Ejercito le comunican a Lorio que, pese a lo resuelto por el tribunal, es orden del gobierno que los detenidos sean fusilados. Éste, sorprendido, trata de hablar con Aramburu. La respuesta será celebre: "El Presidente duerme", le contestan a Lorio. Susana de Ibazeta, la esposa del coronel, recibe igual contestación cuando, contrariando la voluntad de su marido, trata de conectarse con Aramburu para solicitarle clemencia. Valle, por último, también es muerte pese a que cuando se entregó contaba con la palabra de Francisco Manrique, dada a un amigo común, de que su vida sería respetada".
El fusilamiento del General Valle se hizo en cumplimiento del decreto firmado por Pedro Eugenio Aramburu, al mando de la Nación después de que un grupo de militares bombardeara la plaza de Mayo el 16 de junio de 1955, donde murieron más de un centenar de civiles. Ahí se empieza a contar una negra historia. En sus oscuros escritos se cuentan 27 muertes producidas entre el 9 y 12 de junio de 1956.

CARTA DEL GENERAL VALLE AL GENERAL ARAMBURU ANTES DE SER FUSILADO
Dentro de pocas horas usted tendrá la satisfacción de haberme asesinado.
Debo a mi Patria la declaración fidedigna de los acontecimientos. Declaro que un grupo de marinos y de militares, movidos por ustedes mismos, son los únicos responsables de lo acaecido.
Para liquidar opositores les pareció digno inducirnos al levantamiento y sacrificarnos luego fríamente. Nos faltó astucia o perversidad para adivinar la treta.
Así se explica que nos esperaran en los cuarteles, apuntándonos con las ametralladoras, que avanzaran los tanques de ustedes aun antes de estallar el movimiento, que capitanearan tropas de represión algunos oficiales comprometidos en nuestra revolución. Con fusilarme a mí bastaba. Pero no, han querido ustedes, escarmentar al pueblo, cobrarse la impopularidad confesada por el mismo Rojas, vengarse de los sabotajes, cubrir el fracaso de las investigaciones, desvirtuadas al día siguiente en solicitadas de los diarios y desahogar una vez más su odio al pueblo. De aquí esta inconcebible y monstruosa ola de asesinatos.
Entre mi suerte y la de ustedes me quedo con la mía. Mi esposa y mi hija, a través de sus lágrimas verán en mí un idealista sacrificado por la causa del pueblo. Las mujeres de ustedes, hasta ellas, verán asomárseles por los ojos sus almas de asesinos. Y si les sonríen y los besan será para disimular el terror que les causan. Aunque vivan cien años sus victimas les seguirán a cualquier rincón del mundo donde pretendan esconderse. Vivirán ustedes, sus mujeres y sus hijos, bajo el terror constante de ser asesinados. Porque ningún derecho, ni natural ni divino, justificará jamás tantas ejecuciones.
La palabra "monstruos" brota incontenida de cada argentino a cada paso que da.
Conservo toda mi serenidad ante la muerte. Nuestro fracaso material es un gran triunfo moral. Nuestro levantamiento es una expresión más de la indignación incontenible de la inmensa mayoría del pueblo argentino esclavizado. Dirán de nuestro movimiento que era totalitario o comunista y que programábamos matanzas en masa. Mienten. Nuestra proclama radial comenzó por exigir respeto a las Instituciones y templos y personas. En las guarniciones tomadas no sacrificamos un solo hombre de ustedes. Y hubiéramos procedido con todo rigor contra quien atentara contra la vida de Rojas, de Bengoa, de quien fuera. Porque no tenemos alma de verdugos. Sólo buscábamos la justicia y la libertad del 95% de los argentinos, amordazados, sin prensa, sin partido político, sin garantías constitucionales, sin derecho obrero, sin nada. No defendemos la causa de ningún hombre ni de ningún partido.
Es asombroso que ustedes, los más beneficiados por el régimen depuesto, y sus más fervorosos aduladores, hagan gala ahora de una crueldad como no hay memoria. Nosotros defendemos al pueblo, al que ustedes le están imponiendo el libertinaje de una minoría oligárquica, en pugna con la verdadera libertad de la mayoría, y un
liberalismo rancio y laico en contra de las tradiciones de nuestro país. Todo el mundo sabe que la crueldad en los castigos la dicta el odio, sólo el odio de clases o el miedo. Como tienen ustedes los días contados, para librarse del propio terror, siembran terror. Pero inútilmente. Por este método sólo han logrado hacerse aborrecer aquí y en el extranjero. Pero no taparán con mentiras la dramática realidad argentina por más que tengan toda la prensa del país alineada al servicio de ustedes.
Como cristiano me presento ante Dios que murió ajusticiado, perdonando a mis asesinos, y como argentino, derramo mi sangre por la causa del pueblo humilde, por la justicia y la libertad de todos no sólo de minorías privilegiadas. Espero que el pueblo conocerá un día esta carta y la proclama revolucionaria en las que quedan nuestros ideales en forma intergiversable. Así nadie podrá ser embaucado por el cúmulo de mentiras contradictorias y ridículas con que el gobierno trata de cohonestar esta ola de matanzas y lavarse las manos sucias es sangre. Ruego a Dios que mi sangre sirva para unir a los argentinos. Viva la patria."
Juan José Valle. Buenos Aires, 12 de junio de 1956.
Documentos de la Resistencia Peronista 1995-1970

HOMENAJE A LOS HEROES DE JUNIO
1956 - 9 de junio – 2000
Proclama
No hacemos cuestión de banderas porque luchamos por la Patria que es de todos. No nos mueve el interés de ningún sector, sin odios ni rencores, sin deseo de venganza ni discriminaciones entre hermanos, llamamos a la lucha a todos los argentinos que con limpieza de conducta y pureza de intenciones por encima de las diferencias circunstanciales de grupos o facciones, quieren y defienden lo que no puede dejar de querer y defender un argentino, la felicidad del pueblo y la grandeza de la Patria, en una Nación SOCIALMENTE JUSTA, ECONOMICAMENTE LIBRE Y POLITICAMENTE SOBERANA.
Militares, sindicalistas, civiles; hombres y mujeres que ya no están, a ellos laureles de eterno reconocimiento de todos.

Nómina de los fusilados:
Gral. de División JUAN JOSE VALLE
Coronel RICARDO SANTIAGO IBAZETA
Coronel ALCIBIADES EDUARDO CORTINES
Coronel JOSE ALBINO IRIGOYEN
Tte. Coronel OSCAR LORENZO COGORNO
Capitán ELOY LUIS CARO
Capitán DARDO NESTOR CANO
Capitán JORGE MIGUEL COSTALES
Tte. Primero JORGE LEOPOLDO NORIEGA
Tte. Primero NESTOR MARCEL OVIDELA
Subteniente ALBERTO JUAN ABADIE
Suboficial Ppal. MIGUEL ANGEL PAOLINI
Suboficial Ppal. ERNESTO GARECCA
Sargento Ayte. LUIS PUGNETTI
Sargento HUGO ELADIO QUIROGA
Sargento LUIS BAGNETTI
Cabo MIGUEL JOSE RODRIGUEZ
Cabo Músico LUCIANO ISAIAS ROJAS

Compañeros:
CLEMENTE BRAULIO ROSS
NORBERTO ROSS
OSVALDO ALBERTO ALBEDRO
DANTE HIPOLITO LUGO
ALDO EMIR JOFRE
MIGUEL ANGEL MAURIÑO
ROLANDO ZANETTA
RAMON RAULVIDELA
CARLOS IRIGOYEN
CARLOS ALBERTO LIZASO
NICOLAS CARRANZA
FRANCISCO GARIBOTTI
MARIO BRION
VICENTE RODRIGUEZ

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